lunes, 29 de febrero de 2016

Sorpresas Italianas

Hace casi 10 años estuve por primera vez en Italia. Concretamente en Milán. Vacaciones de verano en pareja, cultura, gastronomía, arquitectura, fiesta.

Muchas cosas me fascinaron de la historia, monumentos y sobre todo la comida... conclusión generealizadora en ese momento fue:

- Milán es una ciudad gris amarronada, fascista, fea y aburrida
- Italia es bella pero vieja y roñosa.
- Sólo por la comida y Venecia ha valido la pena.

El destino funciona sin unas leyes determinadas y, de nuevo en Milán después de tantos años, la percepción es radicalmente diferente.
La ciudad ha cambiado, sobre todo después de las propuestas de renovación urbanística que se han dado para la Expo 2015. Han nacido nuevos barrios, hay bicicletas, vagones de metro nuevos y un sin fin de nuevas cosas a descubrir que obviamente, en mi visita anterior no tuve tiempo y ahora, en cambio me sobra.

Italia, y sobre todo Milán me han confirmado lo que uno de los "maestros" de la arquitectura moderna decía: Dios está en los detalles.
Cada rincón de Italia está lleno de pequeños detalles que da sentido y respeto a los años de historia y a la estética de la ciudad, a sus ciudadanos, a su cultura. Cada baldosa, adoquín, vitrina, maniquí, semáforo, hasta la mugre que se acumula en las aceras pareciera estar perfectamente diseñada o colocada.

Un detalle particularmente simpático para mí aunque para algunos quizás escatológico, lo he encontrado en los baños. Si, esos lugares que a veces son los peores lugares para hablar de diseño o arte o de Dios y sus detalles. Para mí se ha convertido en una aventura, descubrir en cada uno las cientos de maneras para hacer una descarga. A veces tengo la impresión de que todos son diferentes y a veces pierdo mi vista en cada rincón para descubrir dónde pulsar el mágico botón o tirar de la cuerda.


Tengo que admitir que mis favoritos no son precisamente los electrónicos con detección de movimiento, sino los que, con una bolita de caucho en el suelo, realizan el trabajo con una fuerte pisada. También los lavabos tienen cientos de maneras de funcionar, pero no tan fascinantes como las de los WC.

Ahora, hasta la roña me parece mas bonita y los edificios fascistas que antes me perturbaban, ahora me parecen fascinantes, con sus boutiques perfectamente iluminadas y glamurosamente decoradas. La ciudad ha cambiado desde mi primera visita. Pero yo he cambiado mucho mas.

Hasta la próxima.