lunes, 9 de febrero de 2015

Las crisis de los cambios de década.

Hola de nuevo amigos invisibles (como bien diría A. Uslar Pietri , Q.E.P.D.) o inexistentes (al menos del blog)

De nuevo toco un tema personal esta vez hablaré de los cambios.

Hace unos 8 años y después de haber emigrado a España a hacer mi máster, me encontraba en la "crisis de los 30".

Para ese entonces, acababa mi máster  me encontraba en la interrogante de volver a Venezuela (como se supone tenía que haber hecho).
Por un lado, en Venezuela no me estaba yendo mal antes de irme: trabajaba (si, por mi cuenta), ganaba bien, tenía mi familia, mis amigos, pero me faltaba estabilidad, tanto emocional como profesional. 
España, en ese momento de bonanza, era un país con los brazos abiertos a los inmigrantes (bueno, no a todos... ya el tiempo se ha encargado de aclarar lo de los brazos abiertos). Habían oportunidades para todos y claro, para mi.

Yo trabajaba por fin en lo que más me gustaba de mi profesión, diseñar... a veces incluso, lamento haber dejado ese trabajo, pues es donde mejor me he sentido en mis años de experiencia, pero de eso ya hablaré mas adelante. Tenía un novio (sorpresa!) después de tantos años solo y sin nadie estable. Vivía en un piso de alquiler... que por razones que no vienen a cuento ahora, tuve que dejar e irme a vivir compartiendo piso con otras personas, con quienes entablé amistad.

Todo parecía ir bien, estar en un país donde podía vivir abiertamente, salir por las noches sin tener que preocuparme (demasiado) de la seguridad, ganando dinero que sé que no se devaluaría, con Europa al lado para poder conocer todos los países y ciudades de las que tanto se habla del otro lado del charco... vamos... era como un sueño hecho realidad.

En ese momento, sin embargo, estaba a punto de cumplir los 30 años y... llámenme inconformista... llámenme "facilista"... me pregunté ¿Qué coños estas haciendo con tu vida?. Mientras algunos amigos ya estaban casados y tenían al menos un hijo, algunos ya hasta se habían divorciado... yo vivía compartiendo un piso, no estaba casado, no tenía coche... vamos... NADA de lo que yo quería para mi mismo.

Aclaro, lo del coche es cultural... es una obligación tener uno... no me critiquen.

Ya a punto del día de mi cumpleaños Pensé en poner reparo a al menos uno de los 3 puntos... Sí, el más fácil. Me compré un coche... No fue una decisión a la ligera. Un coche me permitiría optar a otros trabajos para poder, eso creía, arreglar las otras 2 cosas que faltaban en la lista.

Así sucedió.

Con mucha tristeza renuncié a mi trabajo para hacer uno de los cambios mas importantes de mi vida.
Me fui a vivir en pareja. 

Él, ya había tomado la delantera y se había metido en lo que cualquier españolito del momento hubiese hecho... una hipoteca.



No es la primera vez en mi vida que cambiaba de planes o de rumbo. 
Creo que la primera vez que puedo decir que cambió mi vida radicalmente fue cuando me quité la idea de estudiar medicina. Creo que no hubiese sido un mal médico, pero agradezco no haberlo hecho.
Otro cambio importante en mi vida fue cuando decidí vivir mi vida independientemente de los prejuicios sociales y religiosos que yo mismo tenía y que me impedían ser lo minimamente feliz.
Luego cambiar de casa me ayudó a aprender a romper cadenas de arraigo... esas que a veces se echan tanto de menos, pero que me ayudaron a poder dar un paso grande y definitivo... Cambiar de país.



A los dos años de habernos mudado juntos en pareja, nos casamos  y mi lista feliz (algo así como la "cajita feliz" del Mc Donald's) estaba completada: Coche, Piso, Matrimonio.

Pero las cosas no siempre son color de rosa.... ya todos sabemos lo que sucedió en 2007.... Si. La CRIIIIIISIIIIIIS!!!!

Ambos perdimos el trabajo, y nos tocó comenzar a buscar soluciones, esta vez pensando en pareja, pues para eso éramos marido y... marido, claro está.
La suerte no estuvo de mi parte, y desde entonces me ha tocado una suerte de espiral de viajes que, sí, me han aportado mucho a nivel personal y profesional, pero me han privado de compartir mas con mi pareja.
Los viajes no siempre salieron bien y en el medio de uno de ellos me encontré en medio de una situación financiera difícil, que me obligó a deshacerme de... si, de mi coche... la lista volvía a estar incompleta.

Afortunadamente (o no), después de deshacerme de Cecilio (así le llamaba a mi coche), trabajo no ha faltado, pero siempre lejos de casa. La esperanza de hacer de esta situación de lejanía y soledad algo pasajero, y de saber que siempre había un hogar esperándome, me ha venido dando la fuerza y el aguante para soportar esta situación.

Incluso, para completar mi lista, éste último verano compré otro coche (esta vez le puse Carlos Arturo... no me pregunten de dónde saco los nombres). Un coche para una pareja, con 2 perritos, apto para realizar viajes largos, económico de consumo... perfecto para los 2 o 4.

Lo malo, ya no somos 2, ni 4.

Yo sigo viajando por el mundo y en medio de un divorcio. El final de una historia que duró 10 años y por la que yo quería seguir apostando.

Ahora, con casi 40, de nuevo tengo 2 cosas en la lista por completar... pero... querré completarlas?

Siempre he considerado que nadie necesita a otros para ser plenos y felices... y sí... suena maravilloso cuando se lo dices a otros, pero, cuanto te lo dices a ti mismo es... básicamente jodido.

Comenzar de 0 (cero) a los 40, que otros decidan cambiarte la vida sin consultarte, es duro, pero hay que ser lo suficientemente flexible para cambiar, crecer y seguir adelante...






Dedicado a Bruno y a Godzilla... que no los cambio por nada.